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No hay que avergonzarse de pedir el perdón… (última parte)

No hay que avergonzarse de pedir el perdón… (última parte)

En esta entrevista el Padre Barrajón, LC. Explica el valor salvífico del Sacramento de la confesión y de la comunión en el periodo de cuaresma

   No siempre sabemos decir lo correcto, cuando vamos a confesarnos. ¿Cómo preparar bien la confesión? ¿Qué debemos confesar?
— Padre Barrajón: La confesión comienza con un buen examen de conciencia. En la presencia de Dios se traen a la conciencia los pecados cometidos desde la última confesión. Se deben confesar los pecados mortales, los más graves, los que más han herido al Corazón de Jesús. Para hacer un buen examen de conciencia hay muchos métodos. Uno sería recordar (repasar) uno por uno los mandamientos divinos y los mandamientos de la Iglesia y después confrontar (comparar) nuestra vida con los diversos preceptos. Se podrán examinar los pecados contra las virtudes teologales o cardinales, o bien los pecados, considerando los siete vicios capitales. Muchas veces sucederá que, por la gracia de Dios, no encontraremos pecados graves, sino pecados debidos a nuestra condición de debilidad, es decir, pecados veniales. También estos pecados se pueden confesar y la tradición de la Iglesia aconseja hacerlo, porque esto ayuda a recibir gracia para combatirlos más eficazmente y para quitar los malos hábitos. La gracia de la confesión sana (cura) la persona en profundidad, porque el amor de Cristo viene infundido en ella por medio del Espíritu Santo.

Es importante siempre examinar los pecados que dañan, perjudican. la caridad, que son contrarios al mandamiento del amor fraterno y no dejar de examinar las omisiones: aquél bien que se podía hacer  y que ¡quizá!, por pereza, por indiferencia, por miedo, o por vanidad, no se ha hecho. Hay también algunos cuestionarios que ayudan a recordar cuáles son los principales pecados. Pero además del examen de conciencia, aunque importante, más decisivo aún es el dolor de los pecados, es el arrepentimiento del corazón; reconocer el mal hecho y la decisión de no volverlo a hacer más; el deseo de reparar, el propósito de vivir una vida santa y unida a Cristo, al servicio de la Iglesia y de los hermanos.

Hay heridas de tipo psicológico o afectivo. La gracia del Sacramento de la confesión, ¿cura también éstas?
— Padre Barrajón: El Sacramento de la confesión cura de modo especial la heridas causadas al alma por los diversos pecados. Esto lleva consigo un reajuste de una curación profunda de las heridas aún a nivel psicológico o afectivo. No podemos ignorar que la persona es una unidad: uno en cuerpo y alma. Curando las heridas del alma, la confesión nos prepara para sanar mejor las otras heridas de la naturaleza humana, a nivel afectivo, psicológico, emotivo. Hoy hay tantas personas heridas por experiencias diversas: por abandonos, por falta de verdadero afecto, familias desintegradas donde ha faltado la armonía en las relaciones. La confesión actúa como un efecto restaurador de la persona y, por medio de la persona, reconstruye la naturaleza en su complejidad. Esto no quiere decir que, si es necesario, en algunos casos, la confesión no vaya apoyada por otras terapias. Mas las otras terapias no podrán producir el efecto deseado si no se da la paz profunda del corazón, que da el perdón de Cristo, la recuperación de la dignidad de la filiación divina, la verdadera reconciliación consigo mismo y con los hermanos.

 Hay quien se lamenta de que es difícil encontrar confesores disponibles, o que los horarios son tan reducidos que se retrasa la confesión sin término, con el resultado de que muchos fieles pueden pasarse mucho tiempo, incluso años, sin recibir este Sacramento…

La falta de sacerdotes o bien la gran actividad pastoral del sacerdote pueden ocasionar esta situación. En algunos países podría unirse a un abandono de la práctica del Sacramento de la penitencia, también la falta de fe u otras causas relativas a la secularización. Esto – es cierto – requiere del sacerdote un gran espíritu de sacrificio, una plena disponibilidad, un saber disciplinar (ordenar) la propia vida, incluyendo esta actividad como su prioridad sacerdotal. El tiempo que se dedica a la confesión es un tiempo de gracia para los fieles, y es un tiempo de gracia para el mismo sacerdote. La Iglesia cuenta con ejemplos maravillosos de confesores, de verdaderos mártires del confesionario.

 Pienso en el Cura de Ars, en San Leopoldo Manlic, en San Pedro de Pietrelcina, en el Padre jesuita Félix María Capello, en Roma, y en tantos grandes y santos sacerdotes que han hecho del confesionario el altar de su sacerdocio. Nosotros, los sacerdotes, debemos saber hacer (volver) visible nuestra disponibilidad; que la gente nos vea prontos (dispuestos) para escuchar la confesión. El Papa Francisco ha contado que la historia de su vocación personal deriva de una confesión, cuando por casualidad entró en una iglesia y viendo un sacerdote disponible para la confesión, sintió el deseo de acercarse y recibir el perdón de Cristo. Y este encuentro de amor con el Señor le cambió la vida. He aquí que salió con la íntima convicción de que debía dedicar su vida a volverse él mismo en ministro de la misericordia.

 Los sacerdotes también se confiesan. ¿Es difícil hacerlo?

— Padre Barrajón: La dificultad de lo que he hablado en la primera parte para los fieles se puede también aplicar para nosotros, sacerdotes. Nosotros hemos sido escogidos por Cristo por un acto de su misericordia infinita y no porque éramos santos, sino para llegar a ser santos con la ayuda de su gracia. El Papa Francisco ha escogido como lema de su escudo: “Compadeciéndose y eligiendo”, que está sacado de un texto de San Beda el Venerable, que comenta la elección de San Mateo. Se podría traducir así: “Lo vio con sentimiento de amor y lo escogió”. La vocación es un acto de misericordia. Por el cual (Por lo cual) nuestra vida está dedicada a la misericordia: a recibir y otorgar misericordia.

Como todos, nosotros tenemos necesidad del perdón de Cristo. Debo añadir que es muy bello recibir el perdón de Cristo de otro sacerdote. El sacerdote puede perdonar a otro, pero no puede perdonarse a sí mismo. Es bello poder hacer la experiencia personal del perdón divino que viene a través de un pecador como él, llamado también él a ser ministro de la misericordia. Pero no es fácil aún para nosotros hacer la confesión, reconocer los pecados, confesarlos, querer cambiar los hábitos no evangélicos, convertirnos verdaderamente. Pero si uno se deja perdonar, si recibe con frecuencia la gracia sacramental, el sacerdocio florece con frutos inesperados, el anhelo de santidad y el servicio a la Iglesia crece y se hace más puro; nuestra vida es más de Cristo y menos de nosotros.

¿Qué consejo daría a quien está pensando confesarse durante la cuaresma?
— Padre Barrajón: Aconsejaría al punto hacer una buena confesión, buscar la oportunidad de recibir el perdón de Cristo. Muchas parroquias organizan liturgias penitenciales donde es muy fácil hacer examen de conciencia, donde están presentes diversos sacerdotes para la confesión sacramental individual, donde se puede además abrir la propia alma y la propia situación personal espiritual, frente a Dios, a la Iglesia, a los hermanos, a quien nos puede aconsejar bien. El sacerdote, como ministro tiene la “gracia de estado” para dar consejos apropiados a quien lo solicita en la confesión. Mi experiencia es que Dios nos ilumina de una manera especial durante la confesión. Vienen a la mente ideas y motivaciones nuevas que tocan de modo inesperado el corazón y la conciencia, En la confesión, tanto para el ministro, como para el penitente, la gracia de Dios actúa de un modo maravilloso (admirable). Son como grandes olas de gracia que inundan los corazones y que provienen del Corazón abierto de Cristo sobre la Cruz. Yo reconozco que me maravillo, viendo la acción de la gracia divina, capaz de renovar tan profundamente y de un modo inesperado tantas vidas. Nosotros, los sacerdotes, no seamos los protagonistas, sino sencillos y humildes.

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Papa Francisco tiende un nuevo puente hacia las iglesias ortodoxas y orientales

Una pareja de ortodoxos que escapan de la guerra de Ucrania y que no encuentran a un sacerdote para bautizar a su hijo pueden hacer petición a la Iglesia católica para que realice el bautismo. Pero esto no cambia la pertenencia del niño. Este es un ejemplo, de tantos casos posibles, de personas que se benefician,…

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Papa Francisco: “La parroquia no se toca”

Papa Francisco: “La parroquia no se toca”

En Cracovia, durante el encuentro con los obispos, Bergoglio volvió a proponer la vida parroquial como la vía ordinaria y privilegiada para el anuncio del Evangelio, lejos de los trabalenguas clericales de última generación, que tratan sobre la evangelización “2.0”, encomendada a meras ocurrencias
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Un grupo de trabajo parroquial

03/08/2016
GIANNI VALENTE
CIUDAD DEL VATICANO

La parroquia «no se toca», no es «una estructura que tengamos que tirar por la ventana». Al contrario, es «la casa del pueblo de Dios», y «debe seguir siendo un lugar de creatividad, de referencia, de maternidad». Palabra de Papa Francisco, obispo de Roma. En el marco de su primer viaje polaco, construido alrededor del encuentro «extraordinario» de la JMJ de Cracovia, Bergoglio también tuvo tiempo para volver a proponer la ordinariedad de la vida parroquial como un lugar propicio para el anuncio del Evangelio. Lo hizo el pasado 28 de julio, durante el diálogo que mantuvo con los obispos polacos en la catedral de Cracovia, cuya transcripción fue publicada ayer por la Sala de Prensa vaticana. La pregunta de uno de los obispos fue la oportunidad para que Papa Francisco respondiera con un verdadero «elogio de la parroquia», lleno de indicaciones concretas, que podrá hacer que se esfumen las «fanta-teologías» sobre la jubilación del instituto parroquial. Y también se mantuvo fatalmente alejado de muchos de esos trabalenguas clericales de última generación, que tratan sobre la evangelización «2.0», encomendada a meras ocurrencias. Para el actual Sucesor de Pedro, el «cuerpo a cuerpo» de la vida parroquial sigue siendo el ámbito más favorable para que florezca la obra apostólica confiada a la Iglesia.

Ya en la exhortación apostólica “Evangelii gaudium ”, Papa Francisco había insistido en que «la parroquia no es una estructura caduca». Citando la exhortación apostólica de Wojtyla “Christifideles laici”, indicó que «seguirá siendo ‘la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas’». En Polonia llegó a una mayor profundidad: «¿Buscar la novedad y cambiar la estructura parroquial? Lo que les digo podrá parecer una herejía, pero es como la vivo yo: creo que es una cosa parecida a la estructura episcopal, es diferente, pero análoga». Así, al responderle al obispo polaco que le preguntaba sobre la oportunidad de buscar nuevas «modalidades pastorales» frente a las condiciones de la vida cotidiana, Bergoglio llegó a trazar una analogía entre la naturaleza de la estructura parroquial y el dato estructural de la sucesión apostólica.

También al delinear la misión de la parroquia y sus instrumentos, Papa Francisco se alejó de sofisticados proyectos de «reconversión» parroquial. «No soy un pastoralista iluminado», admitió hablando sobre sí mismo, y volvió a proponer como ocasión simple para anunciar el Evangelio el cuidado de las actividades y de las relaciones que caracterizan la vida cotidiana de cada parroquia: la celebración de los sacramentos, la lectura del Evangelio, las catequesis, el oratorio, la caridad y las obras para los pobres y necesitados. Sin añadir otros pesos. Sin tener que inventarse (por aburrimiento o para mantenerse ocupados) cosas raras y ajenas al tejido de la vida real. Con una red de relaciones que crece alrededor de la gracia de los sacramentos, de la acogida de los necesitados, de la atención y del cuidado de los jóvenes y ancianos, cuyo signo y emblema, según Papa Francisco, son las puertas abiertas de las iglesias y del «confesionario con la luz encendida»: en las parroquias, «si hay un confesionario con la luz encendida, la gente va siempre. ¡Siempre!», dijo Francisco a los obispos polacos. Limpiando el terreno de ciertas ideologías de las «minorías creativas» que en los últimos lustros celebraban a los movimientos como las «tropas selectas» de la evangelización, y que representaban al resto del Pueblo de Dios como una masa informe e inerte que había que «movilizar». «Algunos», repitió Papa Francisco al episcopado polaco, «dicen que la parroquia ya no funciona, porque ahora es la hora de los movimientos. ¡Esto no es cierto! Los movimientos ayudan, pero los movimientos no deben ser una alternativa a la parroquia: deben ayudar en la parroquia, sacar adelante a la parroquia, como la Congregación Mariana, como la Acción Católica y muchas realidades».

Por otra parte, las palabras que dijo el Papa en Cracovia sobre la parroquia no tienen que ver tampoco con visiones idealizadas de la vida parroquial. Las parroquias, justamente en cuanto elemento «estructural» del tejido eclesial, pueden fatalmente convertirse en una terminal burocrática de las más nefastas crueldades clericales: «Hay parroquias», dijo el Papa, «con secretarías parroquiales que parecen ‘discípulas de satanás’, ¡que espantan a la gente! Parroquias con las puertas cerradas». La vida parroquial que describió Papa Bergoglio frente a los obispos polacos no se estanca en la repetitiva y mecánica aplicación de protocolos preconfeccionados, de «instrucciones». Su rasgo característico es la creatividad, la disponibilidad para encontrar vías nuevas para cumplir la propia misión apostólica de siempre. Y la conversión «en clave misionera» de las actividades ordinarias y de las dinámicas pastorales no es un pretexto para desahogar la índole creativa de algunos pastoralistas, sino un intento para que sea más fácil el encuentro con Cristo para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, tal y como son. Bergoglio, en la respuesta al obispo polaco, ofreció imágenes simples de la «conversión misionera» propia de la iglesia, incluso para ciertos diligentes neo-conformistas «bergoglistas». Como cuando, recordando su experiencia pastoral, contó que hay un pueblo «en el que no se acostumbraba bautizar a los niños, porque no había dinero; pero la fiesta patronal se prepara tres o cuatro meses antes, con la visita a las casas, y ahí se ve cuántos niños no están bautizados». Y entonces, «se preparan las familias y uno de los actos de la fiesta patronal es el Bautismo de 30 o cuarenta niños que, de lo contrario, se habrían quedado sin Bautismo».

Según Papa Bergoglio, hacer una «Iglesia en salida» quiere decir simplemente «inventar cosas de este tipo». Y una semejante actitud apostólica implica también e inevitablemente cierto esfuerzo, cierto cansancio. «¡Cuidar al Pueblo de Dios es cansado, es cansado!», insistió el Papa. Reconoció que la parroquia cansa justamente «cuando está bien planteada». Y que «sacar adelante una parroquia es cansado, en este mundo de hoy, con tantos problemas». Pero añadió que el Señor «nos ha llamado para que nos cansemos un poquito, para trabajar no para descansar». Acercarse a los que están lejos, consolar, «tocar las llagas de Cristo» en quienes sufren, cuesta tiempo y esfuerzo. Es mucho más cómodo acomodarse (incluso vía internet) en el victimismo quejumbroso de los circulitos y de los aparatos clericales, perennemente angustiados por el destino de la Iglesia y su «relevancia». Tal vez esto explica, por lo menos en parte, las hostilidades y los disgustos clericales frente al magisterio de Papa Francisco.

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Papa Francisco: “La crisis del matrimonio es porque no se sabe lo que es el sacramento” — Aleteia.org | Español

Discurso con el que el papa Francisco abrió, la tarde de este 16 de junio en la catedral de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán, el Congreso Diocesano sobre el tema La Alegría del Amor, el camino de las familias: La letizia dell’amore: il cammino delle famiglie a Roma: este es el tema del encuentro…

a través de Papa Francisco: “La crisis del matrimonio es porque no se sabe lo que es el sacramento” — Aleteia.org | Español